
Las fachadas están constantemente expuestas a la radiación solar, las precipitaciones, los cambios de temperatura, la humedad y la contaminación. Con el tiempo, esta exposición puede provocar el envejecimiento del revestimiento, la aparición de microfisuras, la pérdida de sus propiedades protectoras y dejar el soporte más expuesto a la humedad.
Por eso, una pintura de fachada de calidad no debe considerarse únicamente una forma de renovar el color del edificio. Un sistema de revestimiento correctamente seleccionado aporta una capa adicional de protección, que debe ser compatible con el soporte, ofrecer una buena adherencia, resistencia frente a las condiciones ambientales y una permeabilidad al vapor adecuada.
El agua es uno de los principales factores que aceleran el deterioro de los materiales de construcción. Cuando el revestimiento de la fachada está dañado o ha perdido parte de sus propiedades protectoras, la humedad puede penetrar a través de microfisuras, juntas y otros puntos vulnerables.
La humedad persistente también favorece el desarrollo de hongos y moho. Cuando existe un exceso de humedad durante períodos prolongados, se crean condiciones adecuadas para el crecimiento de microorganismos y el deterioro progresivo de la superficie.
Además, la presencia prolongada de humedad y moho en los edificios se asocia con una mayor frecuencia de síntomas respiratorios y problemas alérgicos. Por este motivo, la Organización Mundial de la Salud recomienda prevenir y controlar la humedad persistente y el crecimiento de hongos y moho.

Una fachada deteriorada no significa necesariamente que el agua vaya a entrar en el edificio, pero las grietas, juntas abiertas, revestimientos dañados y otros defectos pueden facilitar la entrada de humedad.
Por ello, la protección de la fachada debe considerarse parte del sistema general de protección del edificio frente al agua. No se trata simplemente de aplicar una nueva capa de pintura, sino de preparar correctamente el soporte y utilizar un revestimiento adecuado a las características de la fachada.
Incluso una pintura de alta calidad no puede compensar una superficie mal preparada.
Antes de aplicar el revestimiento es necesario eliminar la suciedad, las capas de pintura deterioradas, los contaminantes biológicos y cualquier otro material que pueda reducir la adherencia. Cuando existe presencia de hongos, la superficie debe recibir el tratamiento correspondiente antes de pintar.
Dependiendo del estado de la fachada, la preparación puede incluir lavado, limpieza mecánica, eliminación de zonas deterioradas, tratamiento contra hongos, reparación de grietas y aplicación de una imprimación.
Solo después de preparar correctamente el soporte se puede aplicar el sistema de protección definitivo.
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La elección del revestimiento depende del material del soporte, su estado, el nivel de exposición a la humedad y las características que debe tener el sistema.
En las fachadas exteriores es importante que el revestimiento tenga una buena adherencia y sea compatible con las características físicas del soporte. También deben tenerse en cuenta propiedades como la resistencia al agua, la resistencia al agrietamiento y la permeabilidad al vapor.
Por eso, no existe una única pintura adecuada para todo tipo de fachadas. El sistema debe seleccionarse en función de la superficie y de las condiciones de uso.
Una pintura profesional de fachadas permite combinar varias funciones: renovar el aspecto de la superficie, aportar una nueva capa protectora y mejorar la resistencia de la superficie frente a las condiciones ambientales.
Esta protección resulta especialmente importante en fachadas que ya han estado expuestas a la humedad, presentan contaminación biológica o tienen un revestimiento antiguo que ha perdido parte de sus propiedades protectoras.
La pintura no debe utilizarse simplemente para ocultar un problema existente, sino como parte final de un sistema completo de preparación, reparación y protección de la fachada.

El control periódico del estado de la fachada, la reparación de los daños y la renovación de los revestimientos protectores ayudan a mantener la superficie en buenas condiciones y reducir el impacto de la humedad y otros factores ambientales a lo largo del tiempo.